N° 3, Julio-Octubre de 2004
El Nivel de Educación Secundaria, un Espacio
Olvidado por la Orientación Vocacional
Arturo Meza Mariscal*
Alma Guadalupe Rosas Maldonado* *
Resumen: En el presente trabajo se
comparte con el lector la ingente necesidad de cuestionarnos el rumbo inmediato
de la Orientación Vocacional, sobre todo en el sentido de la oportunidad de su
aplicación. Se argumenta la conveniencia de su puesta en práctica en etapas
tempranas de la adolescencia, concretamente en el nivel de educación
secundaria, a partir de considerar características del desarrollo cognitivo y
afectivo de la referida etapa, y de las exigencias y presiones sociales en
relación a la toma de decisiones a la que se ven sujetos los estudiantes
egresados del nivel.
La Orientación
Vocacional (OV) no sólo tiene fundamentos teóricos sino también prácticos; no
sólo tiene objetivos y propósitos establecidos de antemano, sino también un
sentido y una razón; no sólo tiene retos y expectativas, sino también dilemas y
conflictos; no sólo se encuentra en camino a su consolidación, sino también
tiene que convencer a los individuos de su impacto y trascendencia, de su
necesidad y su importancia; la OV no sólo es universal, sino también tiene la
obligación de ubicarse en la realidad del individuo y de ubicar al mismo en su
realidad. En fin, la Orientación debe más que enseñarse, proponerse; abrir un abanico
de posibilidades, crear la reflexión dentro de un marco de toma de decisiones,
ser fuente de motivación, ser la alternativa de apoyo que el estudiante espera,
ser más humanista, etc.
Sin embargo,
pareciera que no nos encontramos en posibilidades de saber hacia dónde se
dirige la OV. Quizá solamente sea cuestión de analizar su pasado y presente, o
de establecer una hipótesis personal a partir de la información o postura que
se pueda tener, o simplemente de querer adivinar su futuro, como con una bola de
cristal. Este hecho debiera ser analizado día con día, con todos quienes viven
inmersos en el proceso: los propios orientadores, los investigadores de este
campo, las autoridades educativas y los alumnos que son los que le dan el
sentido a las acciones que se establecen.
La Orientación
Vocacional es un proceso que debe terminar por consolidarse, es decir, ser
parte del mismo proceso educativo en su inicio y en su fin (si es que tiene
fin); ser integrado en todos los niveles y en todos los ámbitos, contar con el
apoyo necesario para promover trabajos de investigación, profesionalizarse y
convencer a todos los actores sociales de su gran utilidad al convertir a los
estudiantes en personas más satisfechas de sus decisiones, y ser promotora de
nuevas técnicas o propuestas realistas que enriquezcan su sentido.
Una de las tareas
prioritarias es la de revelar la importancia de conceptualizar
e integrar a la Orientación a temprana edad. En nuestro país la OV se ha
promovido básicamente en el nivel medio superior, y en el nivel básico
prácticamente no existe. A tal disposición no se le ha dado ningún argumento
sólido; mucho menos se ha expuesto alguna razón de tipo pedagógica, o se ha
explicado como parte de alguna una política educativa, simplemente se ha
impuesto.
Con la materia
académica Educación Cívica y Ética en el nivel secundaria, se ha
pretendido suplantar la labor que anteriormente realizaba el Orientador. Tal
labor, a pesar de ser parcial e insuficiente, resultaba necesarísima
y Educación Cívica simplemente no puede compensar el vilipendiado papel
que otrora desempeñaba Orientación. En primer lugar porque sus objetivos y
propósitos son por completo distintos, refiriéndose más a los requerimientos
cívico-sociales que debe consolidar el alumno para posibilitar su mejor
adaptación a la sociedad, antes que un espacio de conocimiento personal de los
valores, actitudes e intereses propios, con vistas a insertarse en un mundo
cambiante y demandante. Aun suponiendo que tales objetivos y propósitos
resultasen una adecuada sustitución (que no lo son) de los propósitos de la
Orientación, sostenemos que desde la admonición resulta sumamente improbable
generar valores. Pero en segundo lugar, aceptemos que Educación Cívica
sea una materia bien diseñada y conveniente para la formación de los muchachos:
el punto no nos permite comprender (ni nadie se ha preocupado en explicarlo),
por qué se ha suprimido el espacio de reflexión donde el adolescente de
secundaria podía encontrarse a sí mismo; por qué se canceló la materia (la única
materia) donde el tema de estudio era el propio estudiante.
La OV en el nivel
secundaria así, prácticamente no existe, dejando de lado un espacio valiosísimo
para la reflexión y la motivación del alumno, perdiéndose la posibilidad de
acercar un presente certero y un futuro más planeado que accidental,
decepcionante e inesperado. Bien se sabe que quienes cursan el nivel secundaria
son adolescentes que se encuentran entre los 11 y 15 años de edad. La
adolescencia es todo un proceso de desarrollo físico, emocional, mental y
social, que se encuentra enmarcado por una serie de crisis debido a esos
cambios que sufre el joven en su desarrollo.
Durante la etapa de
la adolescencia se conforman además bastantes aspectos más de la personalidad
del ser humano, se definen con más claridad sus valores, se incrementan sus
relaciones interpersonales, y se trata de vislumbrar el futuro que le gustaría
vivir. El adolescente por naturaleza es un ser creativo, de espíritu
aventurero, valeroso, inquieto, innovador, un ser que con toda ansiedad busca
respuestas a sus preguntas y que es capaz de todo por conseguir lo que desea,
porfía en alcanzar sus retos y vencer los obstáculos, es perseverante,
incansable, etc. En fin, esto nos habla de la parte sana y positiva de la etapa,
pero qué decir, cuando al adolescente le ha faltado apoyo, información,
motivación y orientación; las situaciones de vida pueden cambiar drásticamente.
A pesar de las
experiencias que haya podido vivir una persona que llega a esta etapa y del
ambiente bajo el cual creció, el adolescente es una persona que requiere de
asesoría y de guías que le ayuden a conocer aspectos de su propia existencia y
de su circunstancia social, para que en un momento dado, sea capaz de tomar sus
propias decisiones con toda libertad y con más convicción que resignación. De
hecho se ha establecido que “desde la preadolescencia, el niño deja de sentirse
totalmente subordinado al adulto. Con el abandono de esta subordinación
adquiere la conciencia de que sus actividades actuales contribuyen a su propio
futuro. Su interés comienza a incluir problemas que exceden el aquí y ahora,
pudiendo reemplazar la búsqueda de soluciones inmediatas por otras que pueden
desplazarse en el tiempo y en el espacio” (Merloz,
1999).
Durante la
adolescencia se observa “...un incremento de los conflictos personales del
sujeto, ya que en esta fase de desarrollo del hombre, en su natural proceso de
maduración, van a manifestarse generalmente aspectos de su indecisión,
ambivalencia y confusión, que pueden agudizarse en aquellos momentos en el que
el joven debe tomar decisiones, tales como la elección de carrera. Aún con las
complicaciones que encara el adolescente en este periodo, debe desarrollar
tareas ineludibles en su momento, dirigidas a una incorporación paulatina a su
nueva vida individual y social, teniendo que adaptarse y asumir nuevos roles
familiares, escolares y ocupacionales” (González ,
1998).
Durante esta fase el
desarrollo de la personalidad se consolida en el plano intelectual porque el
adolescente ejercita el pensamiento formal o hipotético deductivo, el cual lo
posibilita para reflexionar sobre sus propios pensamientos e ideas, se aleja de
los hechos presentes y concretos y su razonamiento trabaja en torno a los
hechos posibles e inactuales, generando así un movimiento que va de la acción
al pensamiento para luego pasar del pensamiento a una nueva forma de operar, ya
no sólo sobre los objetos reales, sino sobre los objetos ideales que harán
posibles nuevas configuraciones. Piaget explica que
una tarea básica del adolescente es liberarse de los límites del pensamiento
infantil y desarrollar la capacidad del pensamiento abstracto para contar con
un sistema de ideas que le permitan entender el mundo que le rodea. Con todos
estos argumentos lo importante es plantear que se hace necesario promover a la
Orientación Vocacional desde temprana edad.
“La Orientación
Educativa y Vocacional debe ser un proceso planeado y evolutivo, iniciado en la
temprana infancia. Debe comprender un margen de tiempo tan amplio como el que
se requiere para ayudar al niño a lograr la madurez de la visión de sí mismo,
la responsabilidad y la capacidad de planeación y de elección” (Hill, 1973). La
Orientación es y debe ser un proceso evolutivo a la par de la vida toda del
individuo; debe estar presente en forma franca al nivel de la escuela primaria,
donde las actitudes básicas hacia el mundo del trabajo a menudo se forman y se
solidifican, y debe permanecer, por supuesto, en el periodo posterior a la
preparatoria y aún en la edad adulta, para ayudar a la persona a relacionarse
con un medio cambiante y en permanente transformación, donde los límites de las
actividades definitorias de las diversas profesiones se desdibujan cada vez más
y en donde prevalece la mutabilidad del trabajo, enfrentado solamente con una
eficaz y eficiente habilidad para la toma de decisiones. La Orientación
Vocacional no puede concluir con una elección (temprana, durante la secundaria
o tardía en la preparatoria), sino ser un recurso permanente en la historia personal
profesional-ocupacional de los individuos.
Bottini De Barucca propone una interesante cuestión: ¿Qué se pone en
juego cuando un sujeto adolescente se pregunta qué va a hacer cuando termine su
escolaridad? En primer lugar se plantea una interrogante crucial –quién ser–
que actuará como detonador en la constante búsqueda de respuestas y que lo
convoca a asumir una identidad. En segundo lugar, se le pide una respuesta a un
sujeto que desde el punto de vista evolutivo se encuentra en un momento crítico
de su existencia. Además no es un individuo aislado el que debe responder a la
demanda, sino alguien inserto en una estructura socio-familiar que tal vez no
fue educado para elegir y se le exige que ahora elija quién quiere ser.
“La Orientación
Vocacional de un joven debe realizarse desde su infancia. Tal función todavía
es desempeñada como esencial por la familia moderna, aunque de manera menos
autoritaria y consciente que en épocas pasadas; sin embargo la Orientación
Vocacional va siendo, cada día más, labor exclusiva de la escuela. A medida que
los mecanismos de la sociedad se complican y exigen en todos los niveles mayor
especificación de las tareas, la familia y la escuela no bastan para asegurar
la buena orientación de los individuos hacia oficios, trabajos y profesiones
cada vez más numerosos, y cuya existencia misma ignoran no sólo los padres,
sino incluso los maestros. Precisamente por tal motivo, en los países
desarrollados ha surgido la necesidad de crear una serie de instituciones
especializadas cuyas funciones propias sean organizar la orientación de los
jóvenes”.
Debido a las
condiciones socioeconómicas y políticas que prevalecen en nuestro país,
probablemente sería difícil pensar, por el momento, en la creación de opciones
especializadas en Orientación Vocacional en el nivel educativo en el que
resultan por cierto, más necesarias; sin embargo, es posible replantear su
status actual y quizá en un momento dado, hacer un trabajo colegiado de
análisis, que lleve a la revaloración de este proceso y a la solicitud en
pleno, por parte de orientadores y de la sociedad en general, para que el
Sistema Educativo Nacional implemente la Orientación Vocacional a nivel de
educación secundaria, cuando menos.
En un trabajo de
investigación reciente (González, 1998) se aborda el tema con alumnos que se
encontraban cursando el primer año de las carreras de Pedagogía y
Administración Educativa en la UPN. Entre las sugerencias que los alumnos
dieron, en relación a los cambios para mejorar el servicio de O.V. que les fue proporcionado en el bachillerato, se
encontraron las siguientes: otorgar más información sobre todas las carreras y
las escuelas donde se cursan, pláticas con profesionales, visitas a empresas y
fábricas, implementar la materia de Orientación Vocacional como obligatoria a
nivel bachillerato y secundaria. La autora además señala: “anteriormente, era
hasta el bachillerato que se debía elegir carrera; ahora al parecer es en la
secundaria que el joven deberá definir lo relacionado con la elección de su
profesión, al menos en lo que corresponde a si cursará una carrera corta o
universitaria” (González, op. cit.).
Actualmente nuestra
realidad llena de presiones e incertidumbre, ávida por tener respuestas rápidas
y efectivas a los problemas de la vida, obliga a los adolescentes a tomar
decisiones. Sin embargo, lo que verdaderamente importa es el tipo de decisiones
que han de tomarse. Al terminar su educación básica, muchos estudiantes no
tienen otra opción más que trabajar, olvidándose por un tiempo o definitivamente
de sus aspiraciones profesionales; otros más tienen ante sí el dilema de
continuar o no estudiando, mientras que otra parte de ellos se encuentran
convencidos de seguir estudiando, pero generalmente sin saber qué o dónde.
Para cada una de esas
posibilidades de curso de vida, la Orientación Vocacional puede convertir una
circunstancia fatalista en un proyecto mínimamente
planeado, que entregue al adolescente confundido, cuando menos la certeza de
ser partícipe en la delimitación de su existencia y no mero juguete del
destino. Con toda la información y reflexiones que es posible entregarles, se
hace patente la importancia que puede tener por sí misma la enseñanza en la
elaboración del proyecto de vida.
Más aún: si asume
convencido la decisión de continuar un curso de existencia, en vez de claudicar
pasivamente ante ese mismo curso, impuesto por los acontecimientos, lo que
hacemos en verdad es dotar al adolescente del poder, de la fuerza de ser capaz
de decidir el rumbo de su destino
Con toda seguridad el
impacto que pudiera dejar en los estudiantes de secundaria serviría para crear
un espacio más de reflexión sobre la propia vida y al mismo tiempo desarrollar
desde esa edad una cultura del autoconocimiento y de
la autorrealización continua y consciente. Estaríamos transformando a sujetos
que actualmente se someten con sordo resentimiento al curso de vida al que son
arrojados (trabajar, estudiar una carrera técnica o continuar una
universitaria), en personas que al ser capaces de planear su propia existencia
y carrera, lograr por ese contacto íntimo entre necesidades, deseos y
posibilidades, la tendencia actualizante
anhelada por Rogers, la posibilidad de convertir a la
permanente superación personal, económica y espiritual, en una importante
fuente motivacional y en una actitud permanente de la
personalidad.
Estaríamos también
superando la visión simplista de propiciar en el orientado una elección
vocacional, (la de decidir qué estudiar) por la construcción de un espíritu
donde constantemente el individuo sea capaz de tomar decisiones de manera
permanente (estudiar ahora o después; qué y cómo; trabajar para seguir ese
curso de desarrollo o para volver a estudiar; casarme o no, etc.), precisamente
tal y como exige la vida real.
La planificación
serena y realista de la existencia, en un momento en el que auténticamente se
presenta un amplio abanico de posibilidades (lo que puede no estar ocurriendo
al finalizar el bachillerato), constituye un estímulo hacia la meditación
integradora de la vida presente de cada persona, de sus valores, intereses,
capacidades y experiencias. A partir de esta visión respetuosa y profunda, la
planeación de vida y carrera, pretende ayudar a proyectar las directrices,
objetivos y medios para alcanzar una vida futura significativa y feliz.
Estas consideraciones
nos obligan a tomar en cuenta no sólo la necesidad de la implementación de la
Orientación Vocacional en el nivel de educación secundaria, sino además a
proponer una serie de aspectos que debieran ser reconocidos por la propuesta que
pretendiera implantarse en el nivel:
1. La Orientación
Vocacional es un proceso que se inserta en el ámbito educativo y es en sí mismo
un elemento que sugiere la búsqueda de identidad personal, para definir con más
claridad las decisiones que el estudiante deberá empezar a tomar.
2. La Orientación
forma parte de un servicio educativo que debiera ser otorgado sin excepción a
partir del nivel secundaria, en atención a la búsqueda de identidad que el
adolescente percibe, al cúmulo de preguntas que el mismo se formula en un deseo
constante de saber lo que es y lo que hará en el futuro y en la intención de
aprovechar al máximo las potencialidades, entusiasmo y ganas de vivir para
escribir su propia historia.
3. Reconocer que la
Orientación Vocacional debe ser un espacio de más apertura al proceso decisional, para que con mayor libertad y satisfacción, el
joven elija la opción que más convenga a sus necesidades y más cercana se
encuentre al contexto real en el que se desenvuelve.
4. La Orientación
Vocacional podría tener un sentido más amplio que sólo el de un proceso para la
elección de una carrera. En este sentido se sugiere que la O.V.
amplíe sus horizontes hacia una perspectiva laboral, teniendo en cuenta que el
desempeño de cierto trabajo se fundamenta también en el hecho de poseer la
vocación para desarrollarlo. Bajo este argumento la O.V.
funcionaría como un espacio más abierto; es decir, podría integrar a los
estudiantes de expectativas tanto educativas como laborales.
5. En la actualidad,
la O.V. debe asumir el compromiso de poner a
disposición todas las alternativas de elección, teniendo como propósito generar
un proceso más humano, en el cual no sólo se pretenda aplicar el modelo
informativo o actuarial en el trabajo con los estudiantes. El modelo clínico
busca que el adolescente determine sus decisiones asumiendo y comprendiendo la
situación que enfrenta, elaborando los conflictos y ansiedades inmersas en su
realidad personal intrínseca y extrínseca.
6. El adolescente
deberá mantener un papel activo en el proceso de O.V.
en donde el resultado sea la comprensión del porqué y para qué de su decisión.
7. El proceso de
Orientación Vocacional es en sí mismo un proceso para la motivación, debido a
que sus estrategias, métodos de acción y técnicas buscan descubrir en el
individuo parte de su naturaleza, intenciones, anhelos, deseos, actitudes,
aptitudes, valores, etc., los que deberá convertir en objetivos que guiarán su
toma de decisiones. Este proceso de autoconocimiento
con toda seguridad despertará el interés del alumno convirtiéndose en una
fuerza motivadora importante.
8. Introducir
técnicas vivenciales en la O.V.
ayudará al orientador a descubrir de forma más cercana, las necesidades,
conflictos e intereses de sus alumnos; además propiciará en éstos cierta actitud
estabilizadora hacia su propia realidad.
9. Brindar un
horizonte axiológico fomentará un autoconcepto
positivo basado en virtudes y atributos reales. Con ello se propone que todo
programa de O.V. considere el trabajo axiológico.
10. Incluir una amplia
gama de técnicas o dinámicas que tengan que ver con juegos diversos,
simulaciones dramatizaciones y realización de proyectos, lo que será un factor
que añadirá interés a las sesiones que habrán de planearse.
11. La elaboración de
un proyecto de vida podrá tener un significado especial, como una técnica más,
aplicada en el proceso de O.V. Al margen de las
posturas existentes alrededor de un proyecto de vida, que generan discusión,
éste puede tener eficacia, ya que promueve en primera instancia la reflexión
personal al confrontar al individuo al análisis propio de sus objetivos de
vida, en donde le será necesario mirar hacia atrás, considerar su circunstancia
actual y ver al futuro. Un proyecto de vida debe ser flexible, pues
definitivamente no hay nada escrito; sin embargo puede ser una poderosa
estrategia de análisis y acción.
12. Cualquier
estrategia que se utilice deberá fomentar la confianza de los alumnos,
respetando así la integridad, el esfuerzo y las buenas intenciones de los
alumnos. Al igual que cualquier código de ética profesional, el orientador
tendrá que estar comprometido a vigilar que el proceso se genere bajo ese marco
referencial y con la discreción debida.
13. Aunque el proceso
de O.V. marca básicamente un trabajo individualizado,
la realización de tareas grupales servirán de apoyo a diferentes circunstancias
y momentos que adicionalmente marcarán elementos para la motivación del alumno
al sentirse muy probablemente en la misma sintonía que los demás, con las
mismas inquietudes, necesidades e intereses.
14. Será importante
vincular el contenido de la O.V. con las experiencias
y conocimientos de los alumnos para atender con más eficacia sus necesidades.
15. Vigilar que las
actividades puestas en marcha sean interesantes y significativas para el
alumno. Todo lo que tiene sentido retoma un valor especial, que ocupa a la
persona que así lo considera.
Las características
expuestas pretenden ser el fundamento de una propuesta a desarrollar, que tiene
que ver sobre todo con un trabajo de sistematización, derivado de la propia
experiencia profesional. Esta propuesta está dirigida a abordar el trabajo de
Orientación Vocacional en secundaria, siendo el orientador educativo la persona
idónea para hacerse cargo de la misma.
Bien sabemos que
aunque no existe la Orientación Vocacional como materia reglamentaria en el
currículo de secundaria, existe dentro del currículo de Formación Cívica y
Ética, un espacio para el trabajo de asesoría y orientación de estudio y
trabajo.
La materia, impartida
en el tercer grado, se divide en tres bloques a desarrollar durante todo el
ciclo escolar:
1. Los derechos, las
leyes, el gobierno y la participación ciudadana como acuerdos y vías para la
convivencia y el desarrollo político, económico y social de nuestro país (35 horas).
2. Responsabilidad y
toma de decisiones individuales (55 horas).
3. Responsabilidad y
toma de decisiones colectivas y participación (30 horas).
Es precisamente en el
transcurso del segundo bloque donde una propuesta como la que estamos
considerando, pudiera implementarse. No es nuestra intención remendar con
parches una materia diseñada para facilitar la convivencia social y ciudadana;
pero nos preocupa sobremanera saber que en nuestro país las decisiones
importantes son tomadas al término de la secundaria, en medio de un período de
la propia existencia, vital, de transición, de confusión, lleno de motivación o
de su ausencia parcial o total. Bien haríamos en procurar no estar ausentes más
tiempo y lograr que dejara de ser el espacio olvidado de la Orientación
Vocacional.
*
Maestro en Psicología por la UNAM (1992-1994). Docente en educación media,
media superior, superior y posgrado: UNAM, UAM-Xochimilco
e INAACE-SEP. Actualmente se desempeña como Coordinador del Departamento de Orientación
Vocacional en el plantel Nº 1 de la ENP, UNAM y como Coordinador del
Departamento de Psicopedagogía de Sociedad Cultural Colegio Patria, S.C.
**
Orientadora a nivel de educación media. Maestra en Psicología Educativa por el
INAACE-SEP (2001-2003).
Bibliografía:
Cortada
De Kohan, Nuria (1977). El profesor y la
orientación vocacional. Editorial Trillas. México.
González
García, Silvia Isabel (1998). “El servicio de orientación vocacional y la
elección de carrera”. Tesis de Maestría. Facultad de Psicología. UNAM.
Hill,
George E. (1973). Orientación escolar
y vocacional. Librería Carlos Césarman, S.A. México.
Merloz Uribe, Silvia (1999). Orientación
vocacional-ocupacional con jóvenes de 11 a 15 años. Implementación durante el
tercer ciclo de la educación general básica. EUDEBA. Buenos Aires.
Indice Revista Mexicana de Orientación Educativa N° 3